Sábado.
Once y media de la noche.
Madrid.
Después de un par de semanas salgo de fiesta por Madrid con todos estos para celebrar el cumpleaños de uno de los del grupo.Hemos ido a cenar por ahí y después hemos decidido ir a dar una vuelta por el centro mientras vamos hacia un local que conocemos y que nos gusta mucho. Nada más llegar al local nos acercamos a la barra entre risas por parte de todos pero, sobretodo, con bromitas sobre mi soltería; bromitas que yo me limitaba a contestar con una risa y una leve negación de cabeza.
Una vez tengo mi vaso en la mano, me giro sobre mí mismo, apoyándome con un brazo en la barra y mirando al centro del local donde la gran mayoría de gente se concentra para bailar, beber y reír. Mientras estos bailas yo inspecciono el lugar que ya me sé de memoria pero esta vez es especial... Esta vez todo cambia de repente... Esta vez algo ha cambiado en mi interior.
Me quedo mirando a esa chica que ahora mismo está dando saltos mientras ríe con, supongo, su amiga; me quedo mirando a su larga melena morena moverse; me quedo mirando sus piernas, sus brazos, su cuerpo... Hasta que se gira, mirando hacia aquí, mirándome, y me quedo embobado mirándola a los ojos.
No sé cuánto tiempo transcurre desde que se giró y nos quedamos mirándonos, no sé de lo que hablan mis amigos, no sé si el mundo ha parado o ha continuado... Solo sé que me he quedado completamente colgado de esa mirada y de esa sonrisa que le va creciendo en la cara según pasan los segundos. Y es esa sonrisa la que me contagia la mía... Y sonrío como un completo tonto.
De repente nuestras miradas se separan porque la que yo creo que será su amiga la zarandea para que la haga caso y se ponen a hablar. Sin darme cuenta siento una especie de rencor porque nos han cortado las miradas pero al ver que la chica con el pelo largo, rizado y moreno me mira de reojo no puedo evitar que el rencor disminuya y me atreva totalmente a dar el siguiente paso.
Me bebo la copa que tenía en la mano de un tirón, dejo el vaso en la barra y voy a echar a andar hacia la chica cuando mis amigos me paran agarrándome del brazo. Pongo los ojos en blanco, frustrado porque tenga que parar y girarme hacia ellos.
H: ¿Qué pasa? ¿Por qué me paráis? - acercándome nuevamente a ellos para que me soltaran sin que pensaran que me iría de nuevo sin decir nada.
V: No sé, tú dirás, que de repente te quedas embobado, te bebes tu copa del tirón y pretendías irte sin decirnos nada... - riéndose.
H: - me quedo pensando y vaya, tiene razón, se habrán quedado un poco locos, pero no tengo tiempo para explicarles todo, simplemente tengo que ir ya hacia esa chica de melena morena larga - luego os cuento, no tengo mucho tiempo - diciendo entre risas y dando a entender de que no quiero que se me escape una chica, vaya.
V: ¡Oh! ¡Corre, campeón, a ver si hay suerte! - riendo y casi empujándome para que me fuera ya.
Le hice caso inmediatamente y me fui corriendo hacia esa chica que me ha robado los pensamientos desde que la vi. Según me voy acercando noto cómo el corazón empieza a acelerarse, cosa que no entiendo por qué. Antes, antes de todo lo que me pasó con ella, cuando una chica se acercaba a mí no sentía absolutamente nada... Pero ahora... Ahora vuelvo a sentir las cosas especiales que tiene ¿el amor? Por Dios, si la acabo de ver, ni siquiera conocer... Pero el amor a primera vista existe, lo sé.
Nada más llegar a su lado lo primero que me salió fue cogerla lentamente de una mano, entrelazando nuestros dedos y acariciando su mano con mi pulgar mientras con la que tengo libre le aparto el pelo de la oreja, para acto seguido acercarme a esta.
H: Encantado, me llamo Hugo... - susurrando mi nombre en su oído con total dulzura.
A: - noto cómo se estremece al haberle hecho todo eso - encantada... Yo Alejandra... - se va girando lentamente hasta que quedamos cara a cara, súper cerca y aún cogidos de la mano - ¿Bailas? - riéndose con ternura y agachando la cabeza como con vergüenza.